Obsesión:(Del lat. obsessio, -onis, asedio)
1.f. Perturbación anímica producida por una idea fija.
2.f. Idea que con tenaz persistencia asalta la mente.
viernes, 18 de enero de 2008
jueves, 17 de enero de 2008
miércoles, 16 de enero de 2008
martes, 15 de enero de 2008
lunes, 14 de enero de 2008

Te deseo atenta a mi sexo. A cada reacción de él por ti. Quiero tus manos, tus labios, tu pecho, tu cuerpo, tu deseo, tu placer, unidos al mío. Quiero que se hagan imposibles los sueños en la cama. Quiero que mi lengua recorra cada íntimo rincón de lujuría que exista en ti. Quiero que saciemos la sed de nuestros cuerpos entrelazados en una noche de pasión. En una y mil noches de mí dentro de ti.
domingo, 13 de enero de 2008
sábado, 12 de enero de 2008
"Canción de amiga" - Ángel González
CANCIÓN DE AMIGA
Nadie recuerda un invierno tan frío como éste.
Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.
Helado está también mi corazón,
pero no fue en invierno.
Mi amiga,
mi dulce amiga,
aquella que me amaba,
me dice que ha dejado de quererme.
No recuerdo un invierno tan frío como éste.
viernes, 11 de enero de 2008
jueves, 10 de enero de 2008

Quiero que te entregues por completo a mi voluntad. Quiero que sientas placer solo con sentir mi voz. Quiero que toda tú se dedique a mi placer. Quiero que lo único que te importe sea satisfacerme. Quiero que solo te entregues al orgasmo cuando yo quiera beberlo. Quiero que me pidas: "átame, soy tuya".
miércoles, 9 de enero de 2008
martes, 8 de enero de 2008
"Lolita" - Vladimir Nabokov

"Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.
"She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Delores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita."
"Lolita" - Vladimir Nabokov
Y sirva de celebración para el post número 200 de este blog, que empezó con éstas mismas palabras. un delicioso placer.
lunes, 7 de enero de 2008
domingo, 6 de enero de 2008
Así o tempo de Aleister se me foi achegando
despacio,
o agricultor de mandrágoras que sabe comerme ben.
En cada rúa escura serviciais sacerdotisas
abríndonos os colos con preguiza voluptuosa,
versos con rotulador na miña pel de dezanove anos
que ti borrabas con servicios, servidume i saliva.
Entón chámote polo teu novo nome -eso o adoras-
e o meu rosario de dictames sobre os teus dezaoito.
Os labios da lombriga como as flores máis brancas,
cúbreme de leite plumas polo peito.
Os recunchos basálticos.
A súa cor e o teu pelo tocándose coas xemas,
mentres nós imos reunindo as mellores épocas dos nosos corpos
e a cima dos meus pezóns batendo contra o teu comedimento.
Temos un miradoiro dende onde podemos ver as nosas caras
e tamén a sentimental cooperativa que establecen
o meu rosario de dictames e a túa pel cando se xuntan.
Así nos recluímos nun planeta a regalarnos
unha cama de hortensias
e un delirio de lirios.
[Así el tiempo de Aleister se me fue acercando/ despacio,/ el agricultor de mandrágoras que sabe comerme bien./ En cada calle oscura serviciales sacerdotisas/ abriéndonos los regazos con pereza voluptuosa,/ versos con rotulador en mi piel de diecinueve años/ que tú borrabas con servicios, servidumbre y saliva./ Entonces te llamo por tu nuevo nombre –eso lo adoras-/ y mi rosario de dictámenes sobre tus dieciocho./ Los labios de la lombriz como las flores más blancas,/ cúbreme de leche plumas por el pecho./ Los rincones basálticos./ Su color y tu pelo tocándose con las yemas,/ mientras nosotros vamos juntando las mejores épocas de nuestros cuerpos/ y la cima de mis pezones batiendo contra tu comedimiento./ Tenemos un mirador desde donde podemos ver nuestras caras/ y también la sentimental cooperativa que establecen/ mi rosario de dictámenes y tu piel cuando se juntan./ Así nos recluímos en un planeta a regalarnos/ una cama de hortensias y un delirio de lirios.]
Yolanda castaño
En cada rúa escura serviciais sacerdotisas
abríndonos os colos con preguiza voluptuosa,
versos con rotulador na miña pel de dezanove anos
que ti borrabas con servicios, servidume i saliva.
Entón chámote polo teu novo nome -eso o adoras-
e o meu rosario de dictames sobre os teus dezaoito.
Os labios da lombriga como as flores máis brancas,
cúbreme de leite plumas polo peito.
Os recunchos basálticos.
A súa cor e o teu pelo tocándose coas xemas,
mentres nós imos reunindo as mellores épocas dos nosos corpos
e a cima dos meus pezóns batendo contra o teu comedimento.
Temos un miradoiro dende onde podemos ver as nosas caras
e tamén a sentimental cooperativa que establecen
o meu rosario de dictames e a túa pel cando se xuntan.
Así nos recluímos nun planeta a regalarnos
unha cama de hortensias
e un delirio de lirios.
[Así el tiempo de Aleister se me fue acercando/ despacio,/ el agricultor de mandrágoras que sabe comerme bien./ En cada calle oscura serviciales sacerdotisas/ abriéndonos los regazos con pereza voluptuosa,/ versos con rotulador en mi piel de diecinueve años/ que tú borrabas con servicios, servidumbre y saliva./ Entonces te llamo por tu nuevo nombre –eso lo adoras-/ y mi rosario de dictámenes sobre tus dieciocho./ Los labios de la lombriz como las flores más blancas,/ cúbreme de leche plumas por el pecho./ Los rincones basálticos./ Su color y tu pelo tocándose con las yemas,/ mientras nosotros vamos juntando las mejores épocas de nuestros cuerpos/ y la cima de mis pezones batiendo contra tu comedimiento./ Tenemos un mirador desde donde podemos ver nuestras caras/ y también la sentimental cooperativa que establecen/ mi rosario de dictámenes y tu piel cuando se juntan./ Así nos recluímos en un planeta a regalarnos/ una cama de hortensias y un delirio de lirios.]
Yolanda castaño
sábado, 5 de enero de 2008
Tu lengua recorre mi sexo, humedeciéndolo, hinchándolo cada vez más, haciéndome desear que lo sientas dentro de ti. Tus labios se cierran sobre mí, mientras tu lengua realiza círculos, cada vez más rápidamente. Tus ojos me miran con la insolencia de quien sabe que domina la situación. Mis dedos se pierden en tu interior, completamente mojado, dispuesto a recibirme. Noto tus fluidos cubrir mi sexo a punto de estallar. Nuestros cuerpos se unen, a la vez que nuestros sexos, en un orgasmo de placer.
viernes, 4 de enero de 2008
El deseo llena mi interior. Tu imagen en mi mente es clara, nítida. Recorro cada centímetro de tu piel con mis labios. Ésta se excita al contacto de mi lengua. Tu boca deja escapar pequeños gemidos de placer. Mi mano se aproxima a tu sexo. Lo noto húmedo. Tus manos se clavan en mi espalda buscando mi culo. Quieres apretarlo, y a la vez, con la misma fuerza, acerca mi sexo al tuyo. Quieres que entre, que te llene. Tus brazos rodean mi cuello para no dejarme escapar mientras entro y salgo de ti. Cuando nuestros cuerpos este completamente impregnados de sudor, será el momento de que mi orgasmo acompañe a los tuyos.
jueves, 3 de enero de 2008
miércoles, 2 de enero de 2008
"Cuanto sé de mí" - Luis García Montero
"LOS ABISMOS existen también en las distancias cortas. Muchos ciudadanos, en vez de buscar los mares del sur o los paisajes exóticos de la lejanía, utilizan las vacaciones para encontrarse a sí mismos. Resulta difícil saber quiénes somos, más difícil incluso que saber lo que puede esconderse en una maleta de las que dan tumbos por los aeropuertos del mundo o en el bolsillo de la chaqueta que nos saluda por la calle. Cuando llegamos a nuestro domicilio y pulsamos el botón del portero automático, solemos presentarnos con una afirmación consoladora: "Soy yo". Pero las cosas se complican si nos paramos a pensar en lo que hemos dicho, y abrimos la puerta, y entonces los objetos de la casa empiezan a mirarnos con el silencio arenoso de los desiertos o con la locuacidad inquietante de las selvas tropicales. Nos sentimos perdidos en nuestra propia alcoba, desorientados en la rutina, fatigados de la cara que nos acompaña por los espejos y las fotografías, y decidimos salir al mundo en busca de los testimonios que puedan devolvernos un olvidado sabor a nosotros mismos.
Hubo tiempos en los que la gente, sobrecargada de poder y vanidad, segura no sólo de sus certezas, sino incluso del lugar que sus certezas ocupaban en la realidad, respondía "usted no sabe con quién está hablando" cada vez que un operario impertinente se atrevía a llevar la contraria. Pero en los años que corren, las certezas se han convertido en preguntas, en viajes preparados como ejercicios de autoayuda, y uno se acerca a las selvas, a los mares o a los desiertos con una interrogación murmurada: "¿Usted, por casualidad, no sabrá quién soy yo?". Pretendemos reponernos de la filosofía disolvente de nuestro sofá con la amabilidad de las grandes distancias, domesticadas por los libros de aventuras y las agencias de viajes. Pero las vacaciones, más que el acceso a los pliegues de la verdad individual, nos facilitan la comprensión del género humano en sus actitudes contemporáneas. Los hábitos del turista sirven para definir las oportunidades que nos ofrece la historia una vez cumplida la muerte de Dios y consagrado el final de las utopías. Sin jefe conocido, sin tareas previstas, sin horarios que cumplir ante las responsabilidades del orbe, liberado de los grandes designios y de los dogmas providenciales, al ciudadano no le queda más programa que la vida ociosa, esa jubilación sentimental aconsejada, en paralelo, por la comodidad del presente y por las manchas crueles de las viejas banderas. ¿Qué puede hacer uno con ilusiones de doble filo en medio de la tranquilidad de un balneario?
El sudor global de los turistas, el agobio del tráfico y de las salas de espera, las visitas masificadas a los viejos recintos de la soledad, los codazos de la multitud, alimentan las cursilerías de algunas almas cándidas que pretenden buscar la verdad con el antiguo espíritu de los viajeros románticos. Frente al turismo, el yo persigue sus huellas en el sueño de los grandes viajes. Pero en cuanto el intrépido viajero pone los pies en el agua, comprende que los grandes viajes de ahora sólo se realizan en patera, con una tragedia apuntando en la nuca, y con muchas posibilidades de que no sobreviva ninguno de los valerosos navegantes para contar la peripecia. Una cosa es que nos busquemos a nosotros mismos, que preguntemos quiénes somos y adónde vamos, y otra cosa muy distinta que nos quedemos sin papeles, como náufragos ilegales, amenazados por el verdadero vacío de la identidad. Conviene que el óxido que muerde al yo en las sociedades del bienestar no ponga en duda los sellos y las firmas de los pasaportes.
Mejor es atenerse a la vulgaridad, aceptar la condición turística de la vida contemporánea y disfrutar del tiempo de ocio y de las excursiones veraniegas. La vulgaridad no sería una mala solución para el mundo, siempre que estuviese mejor repartida. Dentro de las pretensiones humildes de los equipajes estivales, nos queda el consuelo del regreso, el billete de vuelta, el sorprendente tesoro que nos espera dentro de la casa que un día cerramos para salir de viaje. Porque entre las plantas secas, las huellas de los ladrones y las averías de los electrodomésticos podemos encontrarnos de golpe y porrazo con nosotros mismos. Nuestro yo se esconde en el desorden de la correspondencia atrasada, camuflado entre la publicidad y las cartas profesionales. No me refiero a la insistencia con la que los sobres repiten un nombre, un apellido y una dirección. Ese tipo de seguridades pertenecen a una sabiduría de primeros términos, como la que divulgan los porteros automáticos y los buzones telefónicos. El verdadero yo nos aguarda en los recibos del banco. Pero no en los gastos del viaje, sino en las cuotas que se pagan todos los meses del año y que esperan amontonadas, sobre una mesa, después de las vacaciones.
La subjetividad es una deuda perpetua, un espacio que busca sentido en las facturas y las hipotecas, un lugar vacío con pretensiones de quedar cubierto. Yo soy yo y mis recibos de banco. Basta con abrir las cartas y poner orden a la vuelta del viaje. ¿Saben ustedes con quién están hablando? Soy la factura de una librería, un recibo de la luz, la cuota de un sindicato, de una organización política, de Amnistía Internacional, de tres niños apadrinados y del carné de socio del Real Madrid. En fin, soy una reunión legal de causas perdidas."
Hubo tiempos en los que la gente, sobrecargada de poder y vanidad, segura no sólo de sus certezas, sino incluso del lugar que sus certezas ocupaban en la realidad, respondía "usted no sabe con quién está hablando" cada vez que un operario impertinente se atrevía a llevar la contraria. Pero en los años que corren, las certezas se han convertido en preguntas, en viajes preparados como ejercicios de autoayuda, y uno se acerca a las selvas, a los mares o a los desiertos con una interrogación murmurada: "¿Usted, por casualidad, no sabrá quién soy yo?". Pretendemos reponernos de la filosofía disolvente de nuestro sofá con la amabilidad de las grandes distancias, domesticadas por los libros de aventuras y las agencias de viajes. Pero las vacaciones, más que el acceso a los pliegues de la verdad individual, nos facilitan la comprensión del género humano en sus actitudes contemporáneas. Los hábitos del turista sirven para definir las oportunidades que nos ofrece la historia una vez cumplida la muerte de Dios y consagrado el final de las utopías. Sin jefe conocido, sin tareas previstas, sin horarios que cumplir ante las responsabilidades del orbe, liberado de los grandes designios y de los dogmas providenciales, al ciudadano no le queda más programa que la vida ociosa, esa jubilación sentimental aconsejada, en paralelo, por la comodidad del presente y por las manchas crueles de las viejas banderas. ¿Qué puede hacer uno con ilusiones de doble filo en medio de la tranquilidad de un balneario?
El sudor global de los turistas, el agobio del tráfico y de las salas de espera, las visitas masificadas a los viejos recintos de la soledad, los codazos de la multitud, alimentan las cursilerías de algunas almas cándidas que pretenden buscar la verdad con el antiguo espíritu de los viajeros románticos. Frente al turismo, el yo persigue sus huellas en el sueño de los grandes viajes. Pero en cuanto el intrépido viajero pone los pies en el agua, comprende que los grandes viajes de ahora sólo se realizan en patera, con una tragedia apuntando en la nuca, y con muchas posibilidades de que no sobreviva ninguno de los valerosos navegantes para contar la peripecia. Una cosa es que nos busquemos a nosotros mismos, que preguntemos quiénes somos y adónde vamos, y otra cosa muy distinta que nos quedemos sin papeles, como náufragos ilegales, amenazados por el verdadero vacío de la identidad. Conviene que el óxido que muerde al yo en las sociedades del bienestar no ponga en duda los sellos y las firmas de los pasaportes.
Mejor es atenerse a la vulgaridad, aceptar la condición turística de la vida contemporánea y disfrutar del tiempo de ocio y de las excursiones veraniegas. La vulgaridad no sería una mala solución para el mundo, siempre que estuviese mejor repartida. Dentro de las pretensiones humildes de los equipajes estivales, nos queda el consuelo del regreso, el billete de vuelta, el sorprendente tesoro que nos espera dentro de la casa que un día cerramos para salir de viaje. Porque entre las plantas secas, las huellas de los ladrones y las averías de los electrodomésticos podemos encontrarnos de golpe y porrazo con nosotros mismos. Nuestro yo se esconde en el desorden de la correspondencia atrasada, camuflado entre la publicidad y las cartas profesionales. No me refiero a la insistencia con la que los sobres repiten un nombre, un apellido y una dirección. Ese tipo de seguridades pertenecen a una sabiduría de primeros términos, como la que divulgan los porteros automáticos y los buzones telefónicos. El verdadero yo nos aguarda en los recibos del banco. Pero no en los gastos del viaje, sino en las cuotas que se pagan todos los meses del año y que esperan amontonadas, sobre una mesa, después de las vacaciones.
La subjetividad es una deuda perpetua, un espacio que busca sentido en las facturas y las hipotecas, un lugar vacío con pretensiones de quedar cubierto. Yo soy yo y mis recibos de banco. Basta con abrir las cartas y poner orden a la vuelta del viaje. ¿Saben ustedes con quién están hablando? Soy la factura de una librería, un recibo de la luz, la cuota de un sindicato, de una organización política, de Amnistía Internacional, de tres niños apadrinados y del carné de socio del Real Madrid. En fin, soy una reunión legal de causas perdidas."
Publicado en "El País" el 27/08/06
martes, 1 de enero de 2008
lunes, 31 de diciembre de 2007
"Manhattan" - Woody Allen
"Nueva York era su ciudad
y siempre lo sería"
domingo, 30 de diciembre de 2007
Quiero comerte y que tu sexo se coma el mío. Quiero comerme tus pechos y notar como endurecen al contacto de mi húmeda lengua. Quiero notar como mi sexo queda prisionero del tuyo para hacerte gritar de placer. Quiero que seas mía para poder llevarte a un orgasmo infinito. Para beberte y que me bebas. Para encadenarte a mi cuerpo y no dejarte huir hasta satisfacerme con tu néctar.
viernes, 28 de diciembre de 2007
jueves, 27 de diciembre de 2007
Te imagino en rojo. Acaricio tu piel hasta alcanzar tus bombachas. La mano se desliza y nota mojado todo tu sexo. Un gemido se escapa de tu boca cuando te penetro. Tus ojos permanecen cerrados por y para sentir el placer intenso de mi sexo en el tuyo. Lo quieres todo para ti. Estallas una vez. Y estallas una segunda vez cubriéndome.
martes, 25 de diciembre de 2007
lunes, 24 de diciembre de 2007
domingo, 23 de diciembre de 2007
sábado, 22 de diciembre de 2007
Nueva York (Abril/Mayo 2007)
Cheyenne Dinner (Manhattan)
viernes, 21 de diciembre de 2007
jueves, 20 de diciembre de 2007
Me invitas a tus fantasías y yo quiero provocarte más, que no puedas resistirte a mi voz, a mis palabras, a mi tacto. Quiero que esa cama sea compartida, que tu piel se erize con mi piel, que tu sudor se mezcle con el mío, que mis labios acaricien tu lengua. Quiero que mi sexo sea tu placer, que no puedas resistirte a su vigor y que tus manos se avalancen sobre él, que lo introduzcan en tu interior y me pidas que no pare.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
"Sé que estaba solo y que se movía entre las masas afiebrado y sin amor, lleno de pasión y vacío de esperanza"
"Prefiguración de Lalo Cura" - Roberto Bolaño
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



























